Un solo sistema para recepción, histología, diagnóstico, caja y entrega. Sin cuadernos, sin papeles sueltos y sin hojas de Excel que solo entiende una persona.
Se instala sin comprar servidores ni equipos nuevos. Funciona en la computadora que ya tienen.
Lo mismo que hoy se reparte entre un cuaderno, tres Excel y el teléfono de alguien.
Se registra el paciente, el médico que la envía y el tipo de muestra. El número de caso lo pone el sistema: sin repetidos y sin saltos, aunque reciban dos personas a la vez.
De cada muestra salen sus bloques, y de cada bloque sus láminas, con el mismo código que va rotulado en el casete y en el vidrio. En una pantalla se ve qué está pendiente y desde cuándo.
El informe se arma dentro del sistema, con la firma del patólogo y su sello escaneado. No hay que pasarlo a Word ni maquetarlo aparte.
Se envía por WhatsApp o el médico lo descarga de su portal. El cobro queda registrado el mismo día, en dólares o en bolívares.
Un sistema de anatomía patológica que solo llega hasta el informe se queda a mitad de camino.
Cada frasco que llega es un espécimen, y de ahí salen sus bloques y sus láminas con el código de siempre: A, A1, A1-2. El sistema imprime las etiquetas del casete y del vidrio, con su código QR, en vez de rotularlas a mano con marcador.
Porque así es como se trabaja: se abre una corrida, se le meten las láminas que van juntas y al cerrarla quedan teñidas de una vez. Los marcadores de inmunohistoquímica guardan su receta, así que no vive en la cabeza de una sola persona.
Busca por el código del bloque, por el de la lámina o por dónde quedó guardada —“Caja 12, estante 3”— y sale el caso completo. El archivo deja de depender de que alguien se acuerde.
Capturas del sistema funcionando, no dibujos de cómo nos gustaría que fuera.
Quién está pendiente, en qué estado va cada muestra y quién debe. Se busca por número, paciente, cédula o médico.

Se elige si paga el paciente o va a cuenta de un convenio, y el sistema pone el precio y el número de caso solo.

Casos por órgano, positividad y de dónde vienen las muestras, sobre el mapa. Sin exportar nada a Excel.

No es un programa de afuera traducido: se hizo aquí, con laboratorios de aquí.
Cada informe sale con un código QR. Quien lo reciba confirma en segundos que salió de tu laboratorio, quién lo firmó, y si tiene en la mano la versión vigente o una que después se corrigió.
La recepción guarda los casos en el propio equipo y los sincroniza sola cuando vuelve la conexión. Nadie se queda parado esperando a que suba la señal.
Tasa del día, abonos, convenios con médicos e instituciones y cuentas por cobrar. Se acabó el cuaderno paralelo de quién debe qué.
Filtra por órgano, sexo, edad, resultado y procedencia, y míralo en el mapa. Lo que hoy se pierde en un archivo, mañana es un estudio.
Todo esto entra en la cuota. No hay módulos aparte ni funciones que se pagan después.
Oncolab, en Valencia, trajo quince años de historia — más de dos mil ochocientos casos — con su personal completo y sus permisos ya configurados.
Y otro migró su archivo entero desde Excel: sus casos y todos sus cobros, sin perder un dato ni duplicar uno solo.
Mudar el archivo de un laboratorio es lo que más miedo da y lo primero que preguntan. Ya lo hicimos dos veces.
Una sola cuota por laboratorio, con todo lo de arriba incluido. Mientras más largo el compromiso, más barato el mes.
Mensual
$65 al mes
Se cobra mes a mes.
Trimestral
$59 al mes
Se pagan $177 de una vez.
Semestral
$49 al mes
Se pagan $294 de una vez.
Anual
$42 al mes
Se pagan $504 de una vez.
La instalación, pasar tu historial al sistema y enseñarle a tu gente a usarlo van incluidos. No hay costo de entrada ni módulos que se paguen aparte.
Déjanos tus datos y te respondemos con una fecha para verlo con calma, sin compromiso. No mandamos publicidad ni le pasamos tu correo a nadie.
¿Prefieres escribir tú? hola@laboranza.com
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